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PUEBLA, SIN IDENTIDAD

 

Aunque para algunos podría parecer ocioso que en estos espacios se hable de los dimes y diretes que caracterizan a la directiva del equipo Puebla F.C., la realidad es que el tema del futbol profesional en nuestra entidad es mucho más importante de lo que parece. Bien vale la pena hacer un alto para observar la manera tan burda, triste y deplorable en que los accionistas de la citada oncena pretenden “administrar” al club, puesto que independientemente de sus rencillas personales se están llevando entre las patas una parte importante de los anhelos y las emociones que van asociadas con un equipo que había venido levantándose durante los últimos torneos, pero que ahora está sumido en una fosa cavada por los “hombres de pantalón largo” donde se podría sepultar la presencia de Puebla en la Primera División Nacional. Ahora bien, es cierto que en la entidad existen muchos otros problemas que en verdad afectan a la población, como la pobreza, los precios altos, la falta de empleos bien pagados, el desorden y la inseguridad; pero no se debe olvidar que cualquier sociedad necesita, precisa de una identidad que la mantenga unida pese a que existen muchas diferencias entre sus miembros. Y esa identidad es la que genera el orgullo de pertenecer a un Estado; orgullo que a su vez es el aceite del engranaje social.

Más allá del futbol como deporte, el hecho de que en Puebla tengamos un equipo de Primera División que le de alegrías a sus aficionados, fortalece nuestra identidad que a su vez es construida por muchos otros factores, como la historia, la herencia familiar, las tradiciones locales y la riqueza cultural, elementos que se integran y le dan sentido a la palabra “poblano”. Imaginemos qué futuro puede tener un Estado cuyos habitantes no se sientan orgullosos de habitarlo, o que no tengan elementos que les den identidad. Desgraciadamente en Puebla tenemos cada vez menos de estas herramientas, toda vez que por la negligencia de unos cuantos hace dos años que no tenemos Feria; por la ineficiencia de otros la industria turística es casi inexistente y se limita a pescar lo que va cayendo; por la soberbia de unos más no se apoyan las verdaderas tradiciones, y por la falta de visión no se rescatan los sitios que alguna vez fueron puntos de referencia para poblanos de todas las clases sociales. Sumado a lo anterior, ahora resulta que por la ambición y los problemas de hígado de los accionistas del Puebla, el equipo se está desmantelando e incluso corre el riesgo de descender de categoría a manos de la Femexfut debido a los constantes escándalos en que está envuelta su directiva. Sólo faltaba que ese equipo, al que le van lo mismo pobres que ricos, hombres que mujeres, jóvenes que viejos, fuera destruido sin que alguien alzara la voz para exigir que sus socios se pongan de acuerdo.

Es cierto que el Club Puebla es un negocio privado sostenido por personas que quieren obtener ganancias. Pero también es cierto que los efectos sociales del futbol en Puebla son prácticamente de utilidad pública, de modo que los problemas directivos del plantel que ya se están viendo reflejados en la cancha, tarde o temprano serán otra pesada losa de esas que entierran la identidad de los poblanos.